martes, 6 de marzo de 2012

Se me queda cara de tonta

Ayer por la tarde, una de las poquísimas clientes que me toca atender, quiere hacer la factura para el tax free. Señora mayor, abrigo de pieles, peinada de peluquería, pintada como una puerta, joyas que no sabes cómo es capaz de caminar erguida y subir los brazos. You get the idea, right?

Le pides el pasaporte, los tickets... lo normal. Le dejas tu bolígrafo cutrelux de esos de los que tienen todos los dependientes de todos los centros de España y del mundo mundial, y que sueltan tintazos aquí y allá gracias a esa calidad que les caracteriza, que ríete tú de una pluma Montblanc, para que escriba unos datos. Hasta ahí bien.

Ves que la señora no suelta tu bolígrafo mientras le das las explicaciones, momento en el cual sueles utilizarlo para señalar información. Pase. SE LO PIDES POR FAVOR porque tienes que firmar la factura. Tras echar la firmita, lo vuelve a coger rápidamente, como si no hubiera un mañana.

Cuando terminas el trámite, la señora ya se ha guardado (y has visto el proceso leeentamente) el bolígrafo en el bolso. Y, ni corta ni perezosa, te suelta un "¿Me lo puedo llevar?". Y a mi, pues se me queda cara  de tonta. "Claro, señora, si ya lo lleva bajo siete llaves..."

Que ya ves tú qué más me da a mi que se me lleven el boli cutre y medio gastado. Pero, señora, desde aquí le digo que no se puede ser más ruin que llevar tickets del centro de oportunidades con un descuento adicional, que venga a pedir la devolución de impuestos de esos jerséis que se llevó dos a 3 lereles, y que encima me robe el bolígrafo. Todo eso sin darnos ni las buenas tardes ni las gracias. Pa' qué.


Y ahora discúlpenme, voy a echar toda bilis que aún me queda antes de comenzar una nueva jornada laboral. No vaya a ser que me salga durante el trabajo y me convierta en Michael Douglas en Un Día de Furia.




Que tengan unos buenos días.

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