viernes, 16 de diciembre de 2011

La Shakespeare está de luto

Y es que ayer falleció el dueño de la librería anglófona más famosa de París. George Whitman, regente de la Shakespeare and Company, nos dejó ayer desde su pequeño apartamento de la primera planta de la librería, con vistas a la catedral de Notre Dame y a los miles y miles de libros que acompañaban a todo aquel que se aventurase a su pequeño paraíso a la orilla izquierda del Sena. Y de un paraíso a otro: será enterrado en Père-Lachaise junto a Wilde y Jim, con un Don Quijote como lápida.



Uno de mis sueños siempre ha sido el poder quedarme allí, aunque sólo fueran unos pocos días, ya que a cambio de trabajar en la librería, Whitman te ofrecía alojamiento en un lugar privilegiado en la capital francesa. Una librería siempre llena de curiosos, de poetas, de artistas. Podías tocar el piano, tirar monedas en el pequeño pozo tapiado del centro de la "Blue Oyster Room" o, como yo, pasarte horas y horas embobado mirando libros y gastándote tu escaso presupuesto en libros de poesía de la City Lights.



Allí pude conocer a Jeannette Winterson y a Lawrence Ferlinghetti, porque llegué tarde, cuando Paul Auster ya se había ido, ¡mecachis!, y cada vez que vuelvo (y SIEMPRE vuelvo) perderme entre libros, historias y ensoñaciones bohemias al más puro estilo Midnight in Paris, aunque oscilo entre los años 20 con la Generación Perdida y los 50, con la Generación Beat...

Una lástima. Me queda el consuelo de que llegué a conocerle. Dé recuerdos a Jack, Allen y a tantos otros, mr. Whitman. Y a Jim, por supuesto...

martes, 6 de diciembre de 2011

Lulu bobs her hair

Pos eso. Cansada de tener que peinarme casi todos los días y de los enredones que me salían incluso gastando medio bote de suavizante en cada lavado, me he cortado el pelo.

Coqueteé con el flequillo a lo Bettie Page este verano (o más bien a lo Wanda de Cry Baby, por eso de la oxigenación), pero me cansé pronto. Es que hay que peinarlo y lleva muchos cuidados. Así que he decidido retroceder tres décadas más y hacerme un bob.

¿Qué es un bob? Pues el corte de Louise Brooks y de las flappers de la década de los 20. Y de Victoria Beckham, os dirán en la peluquería, ejem. Véase, el típico corte en V, más corto por detrás que por delante.

Oh, Louise

El caso es que, por mucho que quiera, a mi el pelo como Louise Brooks no me quedará nunca, por eso de tener mucho, muy rizado y con mucho volumen. Así que ahora parezco la Zelda Fitzgerald de Midnight in Paris; lo que me faltaba era el corte de pelo, porque los problemas mentales y con el alcohol ya me venían de lejos.



 Alcoholismo aparte, lo mejor es que no tengo que peinarme, un poco de espuma y parezco Tim Burton. Y el día que me apetezca perder el tiempo arreglándome, tenacilla en la parte de delante et voilà: ¡flapper a la vista!


Así que nada, contentísima que está una cuando se despelucha. Ponga un bob en su vida. Ideal para gente vaga a la que le guste vestirse en plan vintage (¿cómo se come eso?).

Tenía miedo de acabar como la pobre Bernice pero no, he tenido suerte. Ya me veo en todas las cenas festivas emulando a Zelda...