martes, 23 de agosto de 2011

De vuelta

Vuelvo de mi retiro espiritual en tierras del Norte. Playa, fresquito por las noches y tormentas.
Salí huyendo la semana pasada tras ver que los Ultracuerpos habían tomado la ciudad por completo... ¡había monjas hasta en el Parque de Atracciones! Así que, tras casi perforarme los tímpanos poniendo el ipod a todo volumen en el metro para no escuchar sus cánticos y sentirme observada en una mezcla de The Walking Dead (hordas por doquier) y La Invasión de los Ultracuerpos, el Consorte y una servidora decidimos que era la mejor época para huir de Madrid.


 Y nos plantamos en Bilbao. Cinco días de descanso, playa, helados riquísimos y horas de tetris en una GameBoy rescatada en el espacio y el tiempo que aún funciona, y que sería una excelente compañera de mi NES, aquí presente. Me fui con una bolsa llena de libros (aún sigo enredada con Rimbaud) y volví con la bolsa aún más llena: dado que tengo un Consorte enamorado de la ciencia ficción, y yo no he leído prácticamente nada, era muy tentador traerme alguna obra más o menos representativa para comenzar. Dicho y hecho.


Las puertas de Anubis de Tim Powers,  viajes en el tiempo y Coleridge, además de estar considerada la precursora del steampunk (aunque eso es discutible, habiendo por ahí unos tales Julio Verne o H.G. Wells, ejem); El Prestigio de Christopher Priest, sí, la de la película, en una preciosa edición de Minotauro; Soy Leyenda de Richard Matheson, una más en mi obsesión por la literatura vampírica no crepuscular; Dune de Frank Herbert, mítica; y por último, dejando de lado la ciencia ficción, una novela negra a la que le tenía ganas desde hace años, La Dama del Lago de Raymond Chandler. Ya tengo entretenimiento para un buen rato, aunque antes tenga que terminar las ochocientas y pico páginas de Varney, the Vampyre, que me ha enganchado de lo lindo.


Y poco más. Vuelta a la rutina, a las clases, a la tareas marujiles... en definitiva, vuelta a casa. Una casa por fin completa, ya que, después de casi un año, hemos montado la estantería que faltaba en la habitación.Un espacio propio para Pee-Wee y más espacio para libros. A ver cuánto tardamos en llenarla...







1 comentario:

  1. Tú pudiste escapar, yo me los tuve que zampar con papas...
    Un año para montar una estantería? Por fascículos, no?
    Besitos, peligrosssa!!!!

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