domingo, 10 de abril de 2011

Howl


I saw the best minds of my generation destroyed by madness, starving
  hysterical naked,
dragging themselves through the negro streets at dawn looking for an angry
  fix,
angelheaded hipsters burning for the ancient heavenly connection to the
  starry dynamo in the machinery of night


Desde que hace un mes o dos me enteré de su existencia, tenía ganas de verla. La semana pasada la estrenaron en dos cines de Madrid en versión original (por lo visto, la productora ni la dobló. Pa’ qué.), y corriendo que me fui a ver Howl.


La película trata, a priori, sobre el juicio por obscenidad que le cayó en 1957 a mi pobre y adorado Lawrence Ferlinghetti, poeta y dueño de la librería y editorial City Lights en San Francisco por atreverse a publicar el libro Howl and other poems de Allen Ginsberg. Pero no solo se centra en el juicio, cosa que se agradece, sino que tenemos varias partes diferenciadas que se entrelazan. Por un lado, el ya mencionado juicio, discutiendo sobre el lenguaje malsonante, la calidad literaria del poema (que me recordaba a la famosa gráfica de El Club de los Poetas Muertos) y las alusiones a drogas y relaciones sexuales, homo y hetero. Demos gracias a que no les dio por incluir referencias comunistas, que haberlas, haylas. Otras dos partes son los recuerdos del propio Ginsberg, de cómo se formó la Generación Beat, su relación con Jack Kerouac, Neal Cassady, Peter Orlovsky (su pareja hasta su muerte, eran adorables) y su experiencia en el psiquiátrico donde conoció a Carl Solomon (a quien está dedicado el poema que da título al libro), y la primera lectura pública de su obra; estos recuerdos están narrados por el propio Ginsberg en una entrevista, intercalados con sus pensamientos sobre cómo debe ser un poeta, la poesía y la génesis del poema. Y la última parte, unas animaciones representando el poema (o representando la interpretación que le da al poema el que las haya creado).
Peter Orlovsky y Allen Ginsberg


Salí enamorada del cine, pero claro, hay que ser una obsesa de la Generación Beat como una servidora, que cuando vio un vejestorio de noventa años llamado Lawrence Ferlinghetti en la Shakespeare and Company de París se puso a temblar cual quinceañera con Justin Bieber. A nivel usuario (el sufrido Consorte, que me acompañó), creo que puede ser interesante, entretenida y  hasta didáctica, ya que sales del cine citando de memoria el primer verso de “Howl”, de tanto que lo repiten. Y eso sí, James Franco, monérrimo con sus gafas de pasta y estupendo como Allen Ginsberg. 

My precious  (edición de la City Lights)

 Por si a alguien le interesa, el maravilloso Spotify, que nunca me dejará de sorprender, tiene el poema leído por el autor. Y un disco de unos Pitufos Makineros verdes, pero eso es otra historia...


jueves, 7 de abril de 2011

Libros para Tula (I)


La semana pasada, la señorita Tula Malcriada y una servidora discutían sobre la literatura mientras degustaban unos aceitosos paninis y unas cervezas. La señorita Tula, bookaholic donde las haya, me pidió que le hiciese una lista de libros que le pudiesen gustar, a modo de recomendación.

Advierto que no puedo evitar que la mayoría de esos libros sean de autores británicos o norteamericanos. Deformación profesional, que se dice. Pero haré el esfuerzo de intentar incluir autores de otros países para que esto no parezca el programa de una asignatura de Filología Inglesa.
Dicho esto, procedo a la primera recomendación.



La Campana de Cristal (The Bell Jar), de Sylvia Plath. La única novela publicada por la poetisa norteamericana, semi-autobiográfica y demoledora. Narra las peripecias de Esther Greenwood, una alumna brillante de los suburbios de Boston durante los años 50 que, gracias a un concurso, pasa un mes en Nueva York trabajando en una revista. Pese a que el resto de sus compañeras disfrutan del lujo y las atracciones de la gran ciudad, Esther lo hace de un modo más temerario. Al volver a Boston, no sabe qué hacer con su vida. Volver a los suburbios le hace pensar en su futuro, ya que tenía la esperanza de ganar una beca para volver a Nueva York y conseguir su sueño de convertirse en una gran escritora. Al no concederle la beca, su futuro cada vez es más borroso, y Esther se va encerrando en una “campana de cristal”, hundiéndose cada vez más en una depresión que acaba en locura, intento de suicidio incluido. Y de ahí, al psiquiátrico, con sus modernas y maravillosas terapias de electroshock. 



La novela es durísima. Si se conoce la biografía de Sylvia Plath, más, ya que todo lo que leemos sabemos que, con ciertas licencias poéticas, le sucedió a ella. Y si eres impresionable (como una servidora) y te pilla en un momento bajo de ánimo, es demoledor. Mi cita favorita de la novela resume sus dudas y temores con respecto a su futuro; es increíblemente dura pero también increíblemente cierta:

"I saw my life branching out before me like the green fig tree in the story.  From the tip of every branch, like a fat purple fig, a wonderful future beckoned and winked.  One fig was a husband and a happy home and children, and another fig was a famous poet and another fig was a brilliant professor, and another fig was Ee Gee, the amazing editor, and another fig was Europe and Africa and South America, and another fig was Constantin and Socrates and Attila and a pack of other lovers with queer names and offbeat professions, and another fig was an Olympic lady crew champion, and beyond and above these figs were many more figs I couldn't quite make out.  I saw myself sitting in the crotch of this fig tree, starving to death, just because I couldn't make up my mind which of the figs I would choose.  I wanted each and every one of them, but choosing one meant losing all the rest, and, as I sat there, unable to decide, the figs began to wrinkle and go black, and, one by one, they plopped to the ground at my feet."

En castellano, vendría a ser esto (he tenido que buscarlo):
"Vi mi vida extendiendo sus ramas frente a mí como la higuera verde del cuento.
De la punta de cada rama, como si de un grueso higo morado se tratara, pendía un maravilloso futuro, señalado y rutilante. Un higo era un marido y un hogar feliz e hijos y otro higo era un famoso poeta, y otro higo era un brillante profesor, y otro higo era E Ge, la extraordinaria editora, y otro higo era Europa y África y Sudamérica y otro higo era Constantino y Sócrates y Atila y un montón de otros amantes con nombres raros y profesiones poco usuales, y otro higo era una campeona de equipo olímpico de atletismo, y más allá y por encima de aquellos higos había muchos más higos que no podía identificar claramente.
Me vi a mí misma sentada en la bifurcación de ese árbol de higos, muriéndome de hambre sólo porque no podía decidir cuál de los higos escoger. Quería todos y cada uno de ellos, pero elegir uno significaba perder el resto, y, mientras yo estaba allí sentada, incapaz de decidirme, los higos empezaron a arrugarse y a tornarse negros y, uno por uno, cayeron al suelo, a mis pies."

Sylvia Plath
 
 
Aquí dejo mi primera recomendación para Tula. Espero que las próximas sean un poco más… agradables de leer. Pero si la recomiendo es porque me pareció un Novelón (con mayúsculas), me atrapó desde la primera página y me dejó tocada, cosa que no muchos libros hacen.


Me despido con unos versos de Plath, del poema "Lady Lazarus", que resumen lo que le pasaba por esa brillante cabecita a esta gran Poeta.

Dying
Is an art, like everything else,
I do it exceptionally well.

I do it so it feels like hell.
I do it so it feels real.
I guess you could say I've a call. 
                          
                        --- Sylvia Plath

Sylvia Plath


sábado, 2 de abril de 2011

¿Quién teme al lobo feroz?


Casualidades de la vida. Acabo de ver un tráiler en la tele de Caperucita Roja. ¿A quién tienes miedo?. Personalmente, a esa película. Investigando vía San Google, veo que la película es un pastiche gótico-romántico (horror) cuya directora es la de Crepúsculo (el horror! El horror!). Y digo yo… ¿qué manía les ha entrado a todos ahora con destrozar clásicos góticos? O bien sea destrozar el mito del vampiro volviéndolo una moñez, o ahora nos da por reinterpretar cuentos clásicos a lo erótico-gótico. Pues menuda novedad, señores. Porque si he empezado hablando de casualidades, es porque casualmente estoy releyendo The Bloody Chamber de Angela Carter para una ponencia en un congreso y oh, sorpresa! La señora Carter reinterpretó los cuentos de hadas allá por 1979. 

Mi tessssoro


Recomiendo encarecidamente la lectura de esta colección de cuentos. En español es difícil encontrarla, ya que creo que la edición (del año catapún) de Minotauro está descatalogada y desaparecida en combate à la Chuck Norris. Cierto es que yo no la he leído en español, solo en inglés, y no puedo más que recomendar la lectura en el idioma de la pérfida Albión aunque solo sea por el cuento de “Puss-in-Boots”. Una gozada. 

Angela Carter siempre estuvo interesada por los cuentos folklóricos y clásicos, recopilándolos (por ejemplo, en Angela Carter’s Book of Fairy Tales) y traduciendo a escritores como Perrault (escritor de la versión de Caperucita que todos conocemos). El libro en cuestión (The Bloody Chamber, digo) contiene historias basadas en los cuentos de hadas clásicos como ya la mencionada “Caperucita”, “El Gato con Botas” o “Barba Azul”, pero con una vuelta de tuerca gótica, cómica, erótica, feminista… en resumen, más “adulta”. 

Las tres últimas historias, “The Werewolf”, “The Company of Wolves”, y “Wolf-Alice son reinterpretaciones de Caperucita. Y, sin haber visto esta película, estoy segura de que cualquiera de estas tres Caperucitas le da mil vueltas a la nueva, aunque solo sea sacando su instinto animal. Como curiosidad, “The Company of Wolves” tiene versión cinematográfica dirigida por Neil Jordan, con el guión escrito por la propia autora. 



No quiero destripar nada más, ¡hay que leerlo! Y no tenéis excusa, ya que he encontrado el texto completo (en inglés, eso sí).

Y si tenéis aún más curiosidad por las reinterpretaciones/vueltas de tuerca a los cuentos de hadas clásicos, los cómics Fábulas (Fables) son fantásticos. Enganchan que da gusto. Y las ilustraciones de James Jean para las portadas, una preciosidad.



  
Y aquí, de momento, me despido. Feliz fin de semana, y no temáis al lobo feroz (ni a Virginia Woolf).